eran esos veranos de largas tardes de no hacer nada
en la pequeña jungla del jardín de atrás
Y en alguna de esas horas buenas de silencio y mate
sin más plan que el devenir salvaje y verde
de nosotros mismos vueltos
parte más del doméstico paisaje
notamos en la misma rama del año anterior
la silueta familiar del dedal de un nido
y el mismo colibrí observándome sincronizado
y bello en el aire.
Vuelve siempre a este jardín,
comenté feliz y sorprendido.
Es tu amigo, dijo ella quedamente
y su voz sonó
(o quizás así suene hoy que no la escucho)
como la voz de la diosa y madre
de todas las alas, de todos los vientos,
de todas las aguas, de todo lo quieto
Y me supe amado.
Volver a Rosario entonces tenía algún sentido
Tenía y se perdió
casi sin que cuenta me diera
1 comentario:
Te debías este poema. No hay que cambiar nothing.
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