lunes, 1 de diciembre de 2008


Volver a Rosario cuando aún mi madre

eran esos veranos de largas tardes de no hacer nada

en la pequeña jungla del jardín de atrás

Y en alguna de esas horas buenas de silencio y mate

sin más plan que el devenir salvaje y verde

de nosotros mismos vueltos

parte más del doméstico paisaje

notamos en la misma rama del año anterior

la silueta familiar del dedal de un nido

y el mismo colibrí observándome sincronizado

y bello en el aire.

Vuelve siempre a este jardín,

comenté feliz y sorprendido.

Es tu amigo, dijo ella quedamente

y su voz sonó

(o quizás así suene hoy que no la escucho)

como la voz de la diosa y madre

de todas las alas, de todos los vientos,

de todas las aguas, de todo lo quieto

Y me supe amado.

Volver a Rosario entonces tenía algún sentido

Tenía y se perdió

casi sin que cuenta me diera

1 comentario:

CelesteSiempreCeleste dijo...

Te debías este poema. No hay que cambiar nothing.